La reciente crisis económica ha provocado un cambio de concepción en Europa y una búsqueda de políticas más favorables para los ciudadanos y más sostenibles. Estos cambios no surgen directamente desde los gobiernos o centros de poder, pero sí son un reclamo cada vez más intenso desde la ciudadanía. Este hecho ha provocado el surgimiento de movimientos populares que han llegado a materializarse en partidos políticos.
Estos nuevos partidos políticos rompen con la concepción tradicional de hacer política. Es cierto que muchas de sus propuestas pueden pecar de populistas, demagógicas o irreales, pero se muestran más favorables y potenciadoras de políticas públicas preocupadas por la responsabilidad social como base y por la sostenibilidad como presupuesto fundamental de cualquier actuación de los poderes públicos.
Más allá de la deriva política de estos nuevos movimientos, debe destacarse que han puesto la responsabilidad social de las Administraciones Públicas en la agenda política y, sobre todo, que su fundamento radica en la demanda popular que es la base, la causa y el impulso de dichos movimientos. Están creados y formados por ciudadanos que en una mayoría muy amplia reclaman un cambio en la actuación de los gobernantes.
Ejemplos de estos movimientos son el “Movimiento 15M” y su posterior materialización en el partido político “Podemos”, en España, y el “Movimento 5 Stelle”, en Italia. Estos movimientos son más propios de países del sur de Europa, los apodados PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España), más castigados por la crisis y en donde están consiguiendo un increíble apoyo popular y sorprendentes resultados en las elecciones.
Sin embargo, también encontramos una radicalización de la sociedad en otros países del norte europeo. Observamos el auge de partidos como el United Kingdom Independence Party, apoyado por la población rural que muestra su animadversión a la capital, por lo que respecta a los movimientos de los bancos y de la bolsa en la City de Londres. En Francia tenemos el caso de Le Pen, que estuvo a punto de vencer, al quedar en la última ronda de votaciones y en Italia, partidos como Forza Nuova.
Independientemente de las posiciones políticas, se pone de manifiesto una mayor preocupación social por un crecimiento y un gobierno sostenible, siendo los impulsores de este cambio los propios ciudadanos y su malestar para con las políticas tradicionales poco consideradas con la sociedad.
En cualquier caso, resulta remarcable que la sociedad dé muestras de querer un cambio en la forma de hacer política y, sobre todo, que la conciencia social asuma que esos nuevos métodos no pueden desarrollarse sino de una forma socialmente responsable. Los gobiernos deben exigir a las empresas una actuación responsable y un compromiso con el desarrollo social legislando en este sentido. Al mismo tiempo, desde los propios gobiernos se tienen que dirigir las políticas públicas hacia estos mismos objetivos.
En definitiva, lo interesante no son los nuevos partidos ni sus sorprendentes resultados, sino un fenómeno social creciente que apuesta e impulsa un cambio hacia la sostenibilidad.